CRÍTICAS DEL DÚO ALMAJANO-RIVERA

 

Festival Internacional de Música y Danza de Granada, 1995
"Tres morillas m'enamoran", del Cancionero de Palacio, era sin duda una de las piezas más conocidas, y en la voz de Marta Almajano parecía cobrar otra dimensión...
Juan Carlos Rivera cargaba con una muy dura parte del recital, ya que el acompañamiento de estos romances, villancicos, canciones..., no es fácil para el vihuelista, cuya labor en muchos casos podría ser de auténtico solista; además, sin la soprano, interpretó cuatro formas muy representativas de la música de Luys de Narvaez, sorteando con pasmosa habilidad las dificultades, en especial aquellas que afectan a la independencia de las voces, la limpieza en las escalas, y el arte de acompañar con acordes solos.

El color inconfundible de Marta Almajano, su flexibilidad en la voz, su seguridad en el canto, su fraseo adecuado al texto, su naturalidad y claridad de dicción definen algunos de los rasgos de la cantante zaragozana...
Nadie pudo haber resucitado mejor a Narváez.
El Correo de Andalucía     6 de julio de 1995

 

Festival Internacional de Música y Danza de Granada, 1995
La de Marta Almajano es una voz privilegiada que ha encontrado en la Música Antigua el ámbito ideal para su desenvolvimiento: el fraseo llevado por la naturalidad, el timbre brillante y utilizado sin afectación, una regulación de volumen amplio pero nunca estridente...

El acompañamiento de vihuela de Juan Carlos Rivera es siempre limpio y lleno de musicalidad, pero la proyección de su talento se advierte sobre todo como solista: en la profundidad y elegancia con las que trata el "Mille Regretz", la canción favorita de Carlos V, o la transparencia y ductilidad que reciben las fantasías de Alonso Mudarra.
ABC de Sevilla     7 de julio de 1995

 

Festival Internacional de Música y Danza de Granada, 1995
Marta Almajano tiene una espléndida voz. Es cálida, bella, de una potencia que sabe redondearse y evitar cualquier tipo de aristas. Voz llena, vibrante, instrumento puesto al servicio de unas obras que fueron transmitidas con toda su pureza, con esa rica fragancia que todo el programa tenía. Voz, estilo y escuela que supieron brillar con luz propia.

Y junto a Marta Almajano un excelente instrumentista, el vihuelista Juan Carlos Rivera, que supo acompañar adecuadamente en todo momento, y que en los fragmentos interpretados como solista demostró sus cualidades, su fidelidad a una música y a una época, que fueron recreados con respeto y eficacia en el Hospitalo Real.

Ideal de Granada     6 de julio de 1995

 

Festival Internacional de Música y Danza de Granada, 1995
Marta Almajano cautivó en el Hospital Real, con romances fronterizos del Renacimiento, acompañada a la vihuela por Juan Carlos Rivera.

El País      7 de julio de 1995

 

VII Festival Internacional de Música Antigua de Sajazarra
...La voz de Marta Almajano, cálida y expresiva, pareció transitar por las innegables dificultades del programa como por camino conocido, como si lo más natural para todo el mundo fuese cantar así...Y ello, perfectamente acompañado por Juan Carlos Rivera, magnífico como continuista y como solista, con una gran capacidad para ver y mostrar el juego polifónico.

La Rioja     20 de agosto de 1996

 

III Ciclo "los Siglos de Oro"
La soprano Marta Almajano posee una voz preciosa, por calidad y cantidad, con impecable afinación y manera absolutamente convincente para la interpretación de estas viejas músicas, perfectamente ayudada en la colaboración de sumo acierto que le prestó el vihuelista Juan Carlos Rivera. El dúo, así, se produjo dentro de una estilística de total propiedad...

Por su parte, Rivera, que interpretó, a solo, ocho fragmentos, lo hizo con gran claridad en los dedos y en la mente, planos delimitados sabiamente, con libertad en su criterio.

ABC de Madrid     26 de septiembre de 1998

III Ciclo "los Siglos de Oro"
La interpretación fue de lujo, con una Marta Almajano inspiradísima y claramente en su repertorio, y un Juan Carlos Rivera que arrancó uno de los mejores y más limpios sonidos de su vihuela que el que firma estas líneas haya escuchado.
Ritmo     noviembre de 1998